otrdiena, 2016. gada 16. februāris

Ser humano: idea, posibilidad, elección

Certa amittimus, dum incerta petimus




Ser humano: idea, posibilidad, elección

     Por tan triste que sea, hay que confesar que la mayoría de nosotros sigue luchando a ciegas contra los problemas, dificultades, y faltas de sentido creadas y perpetuadas por el sistema de poder actual. Para sobrevivir, intentamos adaptarnos con toda la fuerza, sin pensar en lo que está pasando alrededor de nosotros ni en las causas del problema, en sus raíces. Así nos habituamos a vivir en condiciones que no son dignos del ser humano.

     Personas aparentemente normales se vuelven en imbéciles limitados, en criaturas que, dentro del sistema de educación ideologizado a favor del poder y la propaganda sofisticada que nos rodea, dejan de ser capaces de pensamiento y análisis individual, de distinguir el bien del mal, así acabando en servidumbre a un régimen de tecnócratas cínicos y amorales; sin ser conscientes de ello, se convierten en una entidad manipulable dentro de su esquema de ingeniería social.

     En estas condiciones, los representantes de la élite del poder empiezan a considerarse como superhombres omnipotentes, que pueden elegir a sus secuaces según la estupidez y utilidad de éstos últimos, degradando así todo el orden de gobierno estatal. Siembran en la sociedad las semillas de analfabetismo, xenofobia, y desconfianza, incitan el desprecio de aquellos que piensan de forma diferente, sofocan la creatividad de la gente, y limitan radicalmente el potencial para su crecimiento y autoexpresión. Una tal democracia se vuelve en el opuesto de sí misma, en un instrumento de autodestrucción, conservando al mismo tiempo su estatus oficial, dado que las instituciones antidemocráticas instaladas por el poder han conseguido obliterar la voluntad y el individualismo de la mayoría. Tras organizar elecciones aparentemente libres, o tras negar o limitar agresivamente cualquier otra opción, la masa mayoritaria se manipula fácilmente por aquellos que controlan el poder. El sistema resultante utiliza la propaganda y controla la organización y el contenido educativos, degradando una gran parte de la sociedad y convirtiéndola en tontos ingenuos y manipulables. Hasta aquí la experiencia demuestra que estos métodos son suficientemente efectivos para ser voluntariamente abandonados por los que posean el poder. La democracia formal a favor de políticos dominantes se vuelve así en un cuento mítico para el pueblo. 

     Una política de poder capaz de hacer de seres humanos una masa amorfa es una política inhumana, perjudicial, y antisocial. Destruye personalidades, niega a la gente el derecho de realizar su individualidad, talentos, y habilidades de una manera beneficia tanto para la misma persona como para la sociedad entera. Los que en otras condiciones podrían vivir en armonía con los demás sirven a ciegas a los usurpadores del poder. La democracia se convierte en un medio de imponer la opinión de la mayoría manipulable a la minoría independiente. Todo esto impide el progreso social y trae consecuencias muy serias.

      Queda evidente que finalmente hay que reconocer la necesidad aguda de crear un ambiente social que de a cada uno la oportunidad de vivir una vida de pleno valor, de realizar su esencia humana. Nosotros tenemos que romper las cadenas pseudo-democráticas y huir los horrores que nos amenazan a todos. En contrario, si continua la presente situación, veremos ya próximamente la destrucción total de los fundamentos humanísticos del país: el crecimiento de problemas y tensiones políticos, ideológicos, religiosos, y étnicos que se resuelvan violentamente y con consecuencias trágicas.

     Paradójicamente, para aquellos que se han instalado en posiciones de poder esta situación representaría también un suicidio, pero ellos, aún ávidos de poder, seguirán jugando con la polarización social, impidiendo la organización de ciudadanos, haciendo todo lo posible para atizar los instintos más vulgares de la gente. Así abrirán la caja de los truenos y ya no podrán cerrarla de nuevo, haciéndose prisioneros de sus propias acciones. Su política arrogante, ignorante, y codiciosa resultará en su muerte, pero también, por desgracia, en una tragedia para populaciones enteras.

     Todos cometimos errores. ¡Lo importante es reconocer los errores que cometemos! ¿Porqué repetimos los errores de generaciones antecedentes, porqué las reproducimos en tamaños aun más grandes y calidad aun más baja, sin aprender las duras lecciones de experiencia histórica? ¿Qué habría que hacer para, en el último momento, todavía evitar el desarrollo de acontecimientos trágicos, prevenir una visión pesimista del futuro?

      Debemos acordarnos de una antigua verdad: que somos nosotros mismos creadores o destructores de nuestra felicidad, y maestros de nuestra vida. Cada uno llega a este mundo con una herencia genética específica, con sus propios rasgos, talentos, atributos tan buenos como malos. Si de joven nos adaptamos a un ambiente adecuado, éstos se desarrollan y se cumplen; si no, se frenan y se limitan. El papel principal en la creación de la personalidad pertenece a la célula base de la sociedad, la familia. Este ambiente social proporcione al joven individuo oportunidades para conocerse y para determinarse, o al contrario, degrada su individualidad hasta el nivel de reflejos y instintos primitivos. Todo depende de valores y objetivos dominantes, del sistema individual de intereses y motivaciones (a menudo impuesto y cultivado por el estado), de modelos ideales que nos proponemos, de nuestro propio entendimiento de humanidad.

      Para conseguir el apoyo de la sociedad en el descubrimiento, conocimiento, y desarrollo de su personalidad, hay que buscar métodos socialmente efectivos, instrumentos de educación y crianza que correspondan al nivel de desarrollo científico actual. Uno de estos podría ser el Pasaporte de Identidad Social (PSI), que he abordado previamente en los artículos “Oportunidades para el perfeccionamiento democrático” („Opportunity to improve on democracy”)   y “Acerca de los objetivos funcionales del Pasaporte de Identidad Social” („On the Goal Function of the Social Identity Passport ), Kā nodrošināt Cilvēka cienīgu dzīvi: http://ceihners.blogspot.com/ =   www.blogger.com

     Desde el punto de vista mayoritario, y sobre todo de los reaccionarios cínicos y codiciosos en el poder, sin visión de futuro, ésta es una proposición extraordinaria, inaceptable porque amenaza las posiciones del poder y destruye las bases de la establecida democracia manipulable. Piensan que una tal proposición debe ser ignorada, callada, o bien caracterizada como peligrosa, primitiva, romántica, idealista, que amenace la vida privada de los miembros de la sociedad. No se considera digna de discusión, de evaluación crítica. Naturalmente, esta actitud puede frenar durante un tiempo la iniciación del desarrollo del PSI, crear barreras para su realización. Pero la crisis social seguirá intensificándose, los problemas sociales seguirán creciendo, y al final la inacción traerá consecuencias aun más serias, nuevas tragedias y vidas destrozadas.

     Por tanto, no podemos criticar a ninguno que no haya entendido el objetivo, la idea del PSI, que no se haya dado cuenta de su potencial, puesto que desde el nacimiento nos encontramos bajo un tratamiento ideológico que paraliza y profana nuestra percepción, estandariza nuestra visión del mundo, nos hace aceptar lo poco que logremos y de que disponemos en la vida.

     Sólo a través de vernos en el espejo de la sociedad, como criaturas sociales, seremos capaces de movilizar nuestro potencial intelectual, de crear condiciones que permitan rechazar los estereotipos forzados por el poder, los modos estandarizados de ver, mentiras y prejuicios, para filtrar y limpiar nuestra percepción del mundo, eliminando el populismo y la niebla ideológica, la maleza demagógica. Así llegaremos a reconocer un axioma comprobado por la historia de civilización: el criterio fundamental de cualquier servidor público es la relación entre sus palabras y sus acciones, y el resultado final de su conducta se mide en cantidad y calidad de trabajo hecho y no en el ruido que hacen sus lemas pseudodemocráticos, ni en la manipulación de datos estadísticos, ni en la cantidad de excusas.

    Tanto que no exista en la sociedad una comprensión del contenido y expresión verdaderos de valores humanos, seguiremos escuchando lemas populistas sin contenido real, y los políticos seguirán disimulando sus mitos y su demagogia arreglada.

    ¡Estoy convencido que la realización de la esencia personal de cada miembro de una sociedad es la medida de su propia grandeza y de la grandeza de su sociedad y de su país!

    Cada sociedad está formada por hombres y mujeres – individuos con rasgos personales  - tanto positivos como negativos - que les caracterizan. Si somos ciudadanos comunes, nuestra influencia en las estructuras estatales del poder se exprime a distancia, por la mayoría a través de instituciones democráticas del país. No obstante, una vez que entramos en las estructuras del poder y nos volvemos personas con derechos del poder legislativo, ejecutivo, o judicial, entonces la presencia de cada individuo y su influencia en procesos sociales aumenta considerablemente. Con ellos van creciendo sus ambiciones, el sentimiento de superioridad, arrogancia y egomanía provenientes de la conciencia de su poder. Las decisiones tomadas por estos servidores públicos tienen consecuencia para todas las personas incluidas en, o conectados con, la jerarquía institucional en cuestión. Por lo tanto, en cualquier país democrático sería necesario exigir que cualquier persona que desee conseguir el estatus de servidor público demuestre al electorado sus potencias y características individuales, puesto que éstas decidirían la calidad de decisiones que tomen mientras trabajen en interés de los que pretendan representar.

     Tanto los logros de ciencia moderna como la realidad de la vida hoy en día exigen que venzamos el miedo del desafío que es mantener seguros y confidenciales datos personales en condiciones de informatización de la civilización contemporánea. La barrera creada por este miedo hasta aquí ha complicado considerablemente el procesamiento de la verdad: sólo limitando nuestra vanidad, revisando nuestros prejuicios, evaluando objetivamente las falacias con respeto a la posibilidad de mantener y asegurar una privacidad total en la sociedad moderna, podremos liberarnos de la visión del mundo impuesta por las estructuras de poder, de sus conceptos y normas de comportamiento. Podremos nunca más permitir que el poder manipula la mayoría de la población, podremos poner fin a procesos antihumanos, fomentar una verdadera democracia. Sólo dándonos cuenta de todo esto podemos crear las condiciones necesarias para no repetir los errores de las generaciones anteriores, para que cada uno pueda guardar lo que ha conseguido con mucho esfuerzo y duro trabajo, continuar a armonizar su personalidad, utilizar sus talentos al máximo, para su propio bien y para el bien de toda la sociedad.

    Si no queremos entender esto, si lo ignoramos, todos seremos víctimas: nosotros mismos, como observadores y pensadores pasivos y reaccionarios, y los agrupamientos y líderes políticos existentes, que por su manera de pensar limitada y su visión del mundo deformado todavía están interesados en preservar un sistema represivo formado para la manipulación del pensamiento humano, la creación de una generación zombi, que conduce a la gente a un naufragio moral.

    En consecuencia, la realización graduada y cuidadosa de la iniciativa PSI se ha convertido en una necesidad. Lo más importante es que los que piensan como altruistas y con claridad lo acepten como estímulo para actuar, que pronto empiecen trabajos concentrados, ¡que no sea demasiado tarde para la sociedad y la nación!

      Hoy en día la recogida, sistematización, y utilización de datos personales es una realidad que muchos de nosotros todavía no hemos entendido o que seguimos ignorando por miedo. Un ejemplo de esta realidad es un servicio online desarrollado por psicólogos de la Universidad de Cambridge, que permite crear un retrato psicológico de alguien basándose sólo en su perfil Facebook (véase http://applymagicsauce.com/you.html). Hace poco recibimos también la noticia que, a través de una ataque de hackers, se obtuvo una gran cantidad de datos sobre funcionarios de los Estados Unidos, que incluye datos personales de unos 20 millones de personas empleadas por el gobierno estadounidense (véase https://www.opm.gov/cybersecurity).

    Para guardar y asegurar el crecimiento de cada ciudadano y del país entero, es necesario saber que la presente situación ya no se empeorará. Es algo que podría garantizar el PSI. Por fin hay que reconocer que el PSI no es una amenaza, sino una herramienta de descubrimiento y utilización del potencial social y creativo de la humanidad. Esta herramienta nos da la ocasión de escribir una nueva página del desarrollo de una verdadera democracia.

    Si, en contrario, permitimos el desarrollo continuo de procesos malsanos, el riesgo de catástrofes sociales seguirá creciendo. Las estructuras de poder y sus líderes crean un ambiente de actividad incontrolable por la sociedad (una realidad política paralela al estilo de A través del espejo), estimulando así el desarrollo irreversible de procesos sociales. El vector del desarrollo de estas condiciones motiva a la mayoría de la sociedad actuar por instintos primitivos, negando su humanidad.

    Cuando ignoramos las opiniones y las soluciones propuestos por los demás, nos quejamos sin actuar de las tonterías que pasan en nuestro alrededor, pero al final nos quedamos contentos con ellas, acabamos en punto muerto: las negaciones se vuelven aun más grotescas, la situación aun más catastrófica, y mientras tanto se hace más sofisticada la demagogia, más refinados los métodos de influencia psicológica.

     Para una sociedad más humana, el autor ha propuesto la idea del PSI, que podría servir de medida para los títulos profesionales, el nivel moral y espiritual de los representantes de la población. El PSI es una herramienta de perfección democrática, que asegura como resultado una organización de gobierno estatal con claros principios y con un lazo fuerte con el electorado.

     De esta manera el autor intenta activar la mente de los que piensan lógicamente, proponer una solución potencial para problemas actuales, encontrar otra alternativa a la política degradada de hoy. ¿Quién, además de nosotros, podrá entender la necesidad y osar cambiar las anticuadas instituciones de poder?

    ¡Hoy nace el futuro! Nosotros somos responsables de cómo será. ¿Cómo lo formaremos, cómo lo dejaremos a generaciones posteriores? Al final cada uno debe evaluar sus propias ideas, decidir cómo actuar.

    La intención del autor no es aumentar el miedo de nuestro futuro común, dramatizar aun más la situación, sino intentar abrir los ojos de sus contemporáneos a la amarga realidad, avisar de los riesgos que nos amenazan, proponiendo el PSI como una estrategia para minimizar el riesgo.

     Poca gente ha pensado en que la inteligencia artificial, que hoy está aún en pañales, algún día habrá crecido y madurado, y tras una análisis del comportamiento de la sociedad humana (si la nueva generación todavía no habrá movilizado su potencial humano y cambiado significativamente, fortaleciendo así su identidad humana) llegará a la siguiente, lógica conclusión: que la mayoría de la gente, con sus acciones destructivas, va destruyendo los fundamentos de la sociedad, transmitiendo una infección fatalmente peligrosa para la existencia de la sociedad. Por eso deberían ser aislados, obligatoriamente tratados clínicamente, tal vez remodelados. Entonces el potencial de la inteligencia artificial triunfará sobre el potencial intelectual del ser humano de hoy, su lógica infalible vencerá la locura de la gente nacida en oscuridad.

    ¿Para qué preocuparse, especular con ideales, para qué corregir los errores de los demás, gastar recursos colosales, hacer un esfuerzo enorme para evitar las consecuencias de las acciones (o las inacciones) contraproducentes de la sociedad, si hubiéramos podido no permitirlo y vivir en un estado con organización más armoniosa?

     Hasta aquí no he encontrado ni una sola solución convincente y lógica al negacionismo de la sociedad moderna, a los problemas del estado, que los resolviera en la raíz, en su origen. Por eso he propuesto la idea del PSI, para la realización de la cual hoy tenemos todas las condiciones objetivamente necesarios, el acceso a recursos científicos, el potencial intelectual y creativo. Sólo hay que vencer las barreras masivas de miedo, de egoísmo, y de odio; la indiferencia de los en el poder hacia la realización de la iniciativa PSI; y la tendencia que muchos tienen a aceptar la realidad existente, a seguir viviendo en un ambiente socialmente degradado sin intentar cambiarlo.

     Si luchamos contra dificultades creados por nosotros mismos y por los demás con métodos tradicionales – con mucha paciencia, pero sin sentido – sin intentar crear alternativas, buscar y identificar las raíces de problemas y eliminarlas, las causas de los problemas actuales no desaparecerán. Una parte de ellos está escondida dentro de nosotros: en nuestro egoísmo, falta de visión, incapacidad de admitir las limitaciones de nuestra idea del mundo. No tenemos por necesario guardar nuestra objetividad, es decir, analizar críticamente y adecuadamente la información diseminada por los medios de comunicación (la propaganda) desde distintos puntos de vista, evaluar nuestros prejuicios, erigiendo muros y cavando trincheras en vez de construir puentes de entendimiento. Así nace la convicción total de que tenemos razón nosotros, la cual a menudo escondemos por dentro, sin arriesgarse a participar en una discusión argumentada, cerrando los ojos frente a cualquier hecho que contradiga la totalidad de nuestras convicciones.

     Todo lo que pasa en nuestro alrededor demuestra que la mayoría de la sociedad consiste en tontos suicidas que caminan a ciegas en la dirección indicada por el poder, hacia un apocalipsis inspirado por éste último, sin darse cuenta de ello, pero llevando consigo a todos los demás.

    En la sociedad moderna, la aptitud de percibir la realidad depende del estatus social de cada uno. Podemos distinguir los siguientes elementos básicos:

1.          Aquellos que pasan la mayoría de la vida luchando por la sobrevivencia de si mismo y de su familia, intentando a todas fuerzas de adaptarse a la realidad y permitiéndose protestar contra el funcionamiento de las instituciones estatales y la propaganda oficial sólo en momentos de desesperación, se posicionarán activamente contra el poder. La proporción de este grupo varía de los 20 hasta los 80 por ciento según el país.

2.           La parte degradada de la sociedad, que como consecuencia de condiciones distintas, ha elegido una forma de vida criminal, engaño, extorsión, prostitución, contrabando, juegos ilegales, que se ha vuelto dependiente de drogas o alcohol, o se ha encontrado bajo la influencia de la mafia u otro grupo radical o extremista. Esta parte de la población tiene tendencia a protesto violento (incluso terrorista) contra el poder en situaciones en que las estructuras estatales demuestran una incapacidad total de cambiar sus condiciones de vida, sus motivaciones. Forman de los 5 hasta el 25 por ciento de la población total.

3.          La parte de sociedad con seguridad material (inclusa la mayor parte de funcionarios y servidores públicos del país), que se pueden permitir educación y servicios médicos de alta calidad, divertimientos y viajes, y que tienen el tiempo necesario para desarrollar su personalidad. Por eso no les importan procesos sociales, es decir, todo lo que pasa al exterior de su horizonte privado, y se resignan a lo malo que allí pasa, a menudo convirtiéndose en conformistas, ciudadanos de a pie. Su cantidad varía de los 20 hasta los 60 por ciento en países desarrollados.

4.     La élite de la sociedad: oligarcas, aristócratas, banqueros, directores, políticos y religiosos de alto nivel, millonarios y multimillonarios, y también parte de la inteligencia y deportistas de clase mundial. Todos ellos forman menos de una décima de un por ciento en cualquier país del mundo, pero, para no perder las privilegias provenientes de su alto estatus social, casi todos son interesados en preservar el sistema de poder existente.

     Se nota que el mayor potencial de protesto reside en el primer grupo social, pero no es tan fácil movilizar a este grupo a la acción constructiva: en momentos de desesperación son susceptibles de seguir incitaciones radicales y extremistas. La capacidad de cambiar la sociedad de forma evolucionaria reside por la mayoría en el tercer grupo. Muchos de ellos tienen un nivel de desarrollo intelectual adecuado y la madurez espiritual necesaria para reformar estructuras estatales en los intereses del país, para reorganizar cautivamente el sistema del poder, para darse cuenta de la necesidad de perfeccionar la democracia (y ser listos para discutir, percibir, entender, y evaluar la utilización del PSI con estos objetivos). Esto quiere decir que aquí sólo se debe encontrar el apoyo informativo necesario para el PSI, proponer motivaciones adecuadas para la actividad constructiva, incluso desarrollar un programa de acción, recomendar acontecimientos y métodos para lograr el objetivo final, es decir, la elaboración de un sistema de gobierno verdaderamente democrático.  

     Muchos se sientan desilusionados por no haber encontrado soluciones alternativas, por no haber sido capaces de encontrar un modo de vivir digno en la Patria. Ellos quitan el país, prueban su suerte en el extranjero, porque las instituciones del poder de hoy a menudo tratan a sus ciudadanos con inercia y con poca capacidad, actuando a veces como fuerzas extrañas y no como ayudantes, consejeros, apoyos a los intentos del individuo de poner en orden su vida.  

    Un pueblo con un banco genético ya decimado por guerras, represiones, expulsiones y emigración, en esta nueva situación histórica otra vez se ve involucrado en un juego geopolítico cínico y muy peligroso para todos, frecuentemente dirigido por fuerzas externas y jugado por cabecillas amorales. Ahora, mientras miramos lo que está sucediendo en nuestro alrededor, discutimos sin hacer nada útil, la sociedad va perdiendo el poco tiempo histórico que nos queda disponible para eligir el nuevo camino de reformas y cambios, para no permitir lo irreversible.

     Los que ocupan el poder quieren guardar el sistema de poder que les ha dado y sigue dando oportunidades para mentir a la población, manipular como marionetas a los que se han vuelto ciegos y han perdido la razón, influir en los que piensan de modo diferente, chantajear a los inconformes. Lo que más quieren evitar son unas elecciones verdaderamente libres y abiertas y el control de su actividad por la parte de electorado que podría ser introducida con el ayudo del PSI.

    ¿Cómo podemos quejarnos por la vida difícil, por la indiferencia de los demás, por la suciedad del poder, si seguimos, con esfuerzos colosales, luchando a ciegas contra el poder, hacemos mejoras superficiales, ignorando al mismo tiempo las causas de los problemas y dificultades existentes? Aun sin intentar percibir, entender, analizar la iniciativa PSI, la rechazamos, tenemos miedo de ella. Sin comprender que el miedo consume el micromundo que nos hemos construido con tanto esfuerzo y cuidado, destruye poco a poco el ambiente habitual conseguido con tanto trabajo, amenaza de verdad el futuro de cada miembro de la sociedad.

    Un poder controlado apenas por la sociedad paraliza la democracia, inspira en los que lo ocupan sentimientos de superioridad, de fuerza, de impunidad. Entonces va desapareciendo la conexión con la población, se reduce la capacidad autocrítica, florece el culto de autoridad. Una persona que ha conseguido las privilegias del poder a través de reforzar la jerarquía vertical se imagina como el centro del mundo. Empieza a proyectar sus ideas, los rasgos de su personalidad y carácter – tanto positivos como negativos – en el mundo exterior,  juzgando todo según su propia imagen, por tan imperfecta que sea.

     Escondiéndose detrás de lemas y palabras nobles, discursos populistas que supuestamente protegen los derechos de la gente, los que están en poder hacen malas y sucias obras, estropean personalidades, juegan al teatro de ilusiones con la sociedad, diseminando sin parar desinformación de todos tipos y tonos. Así convierten a la mayoría de la sociedad en una masa amorfa sin carácter, a la que se puede presentar la realidad pintada tanto en blanco como en negro. Engañan a la gente ingenua en la percepción del bien y del mal. ¿Porqué lo permitimos? ¿Porqué sufrimos de ello?

     Por consiguiente, dentro de mis límites, intento abrir los ojos de mis contemporáneos, acabar con el costumbre de aceptar la demagogia, mitos y leyendas propagados por muchos políticos como verdad absoluta, proponer formas alternativas de ver, pensar y actuar, para que cada uno pueda hacer el primer paso por el largo y difícil camino de conversión psicológica y crecimiento espiritual.

    Para que el bien venza contra el mal, hay que someterse a un proceso de purificación, limitar su egoísmo, entender lo que significa la solidaridad, la tolerancia y la armonía, dándose cuenta de que los demás, igual que tú, son seres sociales, que ellos también han sufrido del mal que les han hecho, que haciendo bien a los demás te haces feliz a ti mismo. Esto estimula la cooperación entre la gente, cultiva la compasión y la sensibilidad, la nobleza espiritual; y nos permite entender que la revelación de datos personales de servidores públicos, dentro de un sistema jurídicamente reglamentada y estrictamente controlada, es una necesidad social para el bien general de todos.

    Una sola persona no puede cambiar el mundo entero, pero sí puede crear en su alrededor un ambiente que inspira y ayuda a sus vecinos y contemporáneos a perfeccionar su personalidad, hacer cambios positivos, cambiando poco a poco también el sistema. Si renunciamos a esta posibilidad por miedo o por falta de fe, si no tomamos una decisión basada en realidad, otros lo harán en nuestro lugar, nos impondrán su visión del mundo.

     ¿Porqué deberíamos adaptarnos a la muchedumbre manipulable para perder la razón junto a otras marionetas, si puedes ser tal como eres, si estás convencido de tu posición, de la verdad que descubriste en las luchas y búsquedas de la vida, de la necesidad de reformar la situación? Si, apoyándote en los resultados de una evaluación compleja y crítica de la información proveniente de fuentes diferentes, has llegado al nivel más cercano al entendimiento de la verdad. Ahora eres capaz de distinguir la realidad objetiva de mentiras, de percibir la manipulación de hechos, la desinformación.

     Intento popularizar mi opinión para ayudar a la generación presente a evitar errores fatales, cambiar el clima de agresión, mentiras, y intolerancia en relaciones interpersonales, extendiendo amor, respeto y solidaridad mutual, orientando a la gente hacia el camino de progreso social, ¡aprendiendo a ser humano!

    Este es el camino de perfeccionamiento espiritual y de fortaleza humana, para que todos podamos vivir felices, es decir, en armonía con nosotros mismos, en armonía uno con otro y con el mundo que nos rodea, conforme a nuestra consciente y sentida identidad humana. 

    Si continuamos a escondernos en nuestros cascarones, en nuestros micromundos aparentemente aislados, ignorando la conciencia y haciendo paz con humillaciones, sin darnos cuenta de somos parcialmente responsables de la situación, temiendo cualquier forma de actividad social, si no intentamos entender el concepto del PSI y no seguimos creyendo que su realización es imposible – entonces seguimos permitiendo el empeoramiento de problemas tanto personales como sociales de hoy, la intensificación de la crisis, convirtiéndonos en marionetas inertes en manos de políticos ávidos de poder.   
             

                  
 

21.09.2015                                      Ervins Ceihners, Dr. oec. 

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